La forma de vida de los antiguos griegos es desde hace unos días un poco menos misteriosa. Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Cincinnati ha descubierto en el Peloponeso dos tumbas familiares de unos 3.500 años de antigüedad con joyas y artefactos que describen los usos y creencias de los antepasados de Homero, Sócrates o Pericles.
Entre las joyas destacan un anillo de oro con dos toros rodeados de espigas de cereal y un pendiente con la cabeza de la diosa Hathor, una de las principales deidades del Antiguo Egipto. Además, entre las piedras excavadas han surgido miles de pequeñas porciones de oro, usado para revestir las paredes de la que pudo servir, a criterio de los arqueólogos, de última morada para un gobernante de la ciudad de Pilos.
Las joyas y demás restos han sido recuperados tras desescombrar las sepulturas, cuyos techos, en forma de bóvedas, se hundieron ya en época antigua. Ese derrumbamiento enterró de tal manera el tesoro que ningún ladrón de tumbas pudo saquearlo, informó el Ministerio de Cultura griego en un comunicado en diciembre.
Los trabajos de excavación y documentación de los tesoros, encontrados no lejos de donde apareció otra tumba similar en 2015, se han prolongado durante más de 18 meses y pueden arrojar luz sobre la cultura y el comercio micénico. Así, el anillo de los toros es, según el director del Departamento de Clásicas de la Universidad de Cincinnati, Jack Davis, una «escena interesante de cría de animales y agricultura». «Que sepamos, es la única representación de granos en el arte cretense o minoico», ha apuntado.
Las tumbas excavadas se encuentran cerca de otra llamada «del guerrero del grifo», una sepultura excavada en 2015 por el mismo equipo de la Universidad de Cincinnati. En ella apareció el esqueleto de un guerrero apareció intacto y rodeado de millares de joyas, armas, armaduras y toda suerte de objetos en metales preciosos, entre ellos la llamada «ágata del combate de Pilos», un minúsculo sello minoico grabado con todo lujo de detalles que muestra la lucha de dos combatientes ante un tercero, tumbado y herido.
En la nota difundida por la Universidad de Cincinnati se especifica que el equipo sospechó de que en el subsuelo podría haber una tumba por la «destacada» concentración de piedras que encontraron en la zona. En efecto, bajo ellas, unas 40.000 del tamaño de una sandía, estaban las tumbas. «Ha sido como volver al periodo micénico», ha relatado Davis. Su equipo seguirá excavando en la zona.

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