Diseño de Joyas

Pasión, sueños y algo más

Cuando conviertes una idea o un sueño en un diseño, lo haces con la intención de satisfacer, ya sea tu propio ego o al gusto de los demás. Fundamentalmente se tiene el deseo de llegar a los demás y despertar emociones. El diseñador se inspira en algo que a él le hace reaccionar, le genera una inquietud o simplemente le gusta.

Cuando el diseño es una joya, el proceso de creación es diferente; las marcas de joyería encuentran en sus creaciones al protagonista encargado de atraer las primeras miradas de sus compradores. Las joyas necesitan menos que otros productos de “intermediarios” con los que conseguir que el consumidor se fije en ellas, y aunque los logotipos son aprovechados en ocasiones para crear joyas estrella y protagonizar buena parte de sus colecciones, no siempre es así.

Las joyas son la expresión de una historia y por lo tanto son objetos susceptibles de ser únicos. Una pieza de joyería única cuenta una historia única en cuya creación participa un gran equipo de profesionales compuesto por diseñadores, talladores y estilistas. La alta joyería requiere de importantes procesos de investigación destinados a dar forma al trabajo creativo y al diseño creado por un profesional del sector. El diseño de una joya de estas características, que empieza en dibujos hechos a mano sobre una hoja de papel, termina siendo llevado hasta un ordenador para tratar la futura pieza de forma virtual y continuar con el siguiente paso, que consistirá en la creación de prototipos de diferentes materiales con los que iniciar el proceso de fabricación.

Los profesionales del diseño de joyas son, como la gran mayoría de los diseñadores, creativos y poseen una gran imaginación. Son capaces de ver, allá donde otro ojo no ve, las posibilidades de una pieza y lo sublime de un diseño de tamaño y forma creados especialmente para decorar.

La joyería necesita de la elegancia. Sus piezas visten aquello que otras no pueden vestir y su objetivo es la belleza. El diseño de una joya, deberá ser el reflejo de la elegancia interna de su creador. El sentido de la proporción y del equilibrio, de la fragilidad y, al mismo tiempo de la fuerza y del carácter, parecen requisitos indispensables que, cuando consiguen reunirse en un diseño, lo convierten en el único que no necesita de otros para conseguir por sí solo, decorar y embellecer mejor que nadie, el cuerpo humano.